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jueves, 6 de agosto de 2020

Título: Jesús purifica el templo.

Pasaje: Juan 2:13-22
Título: Jesús purifica el templo.

¿Cómo puedo ser purificado? La pureza es la cualidad de aquellos que no se han contaminado. Pero, vivimos en un mundo donde predomina la contaminación en todos los sentidos, no solo nos referimos al medioambiente natural, sino, que también incluimos todo lo que nos rodea y que  de alguna manera entra a nuestra alma, mente y corazón.

Jesús purifica el templo.

En este mundo contaminado en que vivimos, somos propensos a ensuciarnos los pies al pasar por caminos lodosos, algunas de las formas en que la contaminación entra a nuestro interior es a través de lo que vemos, oímos, palpamos, hablamos, pensamos, deseamos y creemos. Y frente a todo eso, el deseo de Dios es que seamos puros y nos limpiemos de toda contaminación. La gran pregunta es: ¿Cómo puedo ser purificado? ¿Cómo puedo ser limpio de toda maldad? En el estudio de hoy, veremos cómo esto es posible a través de Jesús.

Después, de convertir el agua en vino en Caná de Galilea, Jesús se dirigió junto a su madre, hermanos y discípulos, a Capernaum, y estuvieron allí no muchos días, porque estaba cerca la pascua de los judíos; y durante la pascua todos los judíos debían dirigirse al templo y ofrecer sacrificios. Jesús, como todo judío, también se dirigió hacia el templo de Jerusalén para celebrar la pascua.

Ahora bien, quizás te estés preguntando ¿Qué es la pascua? ¿Qué significa? ¿Por qué era tan importante para los judíos? Necesitamos responder estas preguntas para poder comprender lo que Jesús quería enseñar en este pasaje.

La pascua era una fiesta solemne de los judíos, que se celebraba todos los años el día diez del primer mes del año hebreo. En conmemoración del día en que Jehová libró a los primogénitos de Israel, cuando estos obedecieron el mandato de Dios de marcar los dinteles de sus puertas con la sangre de un cordero. Esta fiesta debía recordar a Israel, las obras que Dios hizo por amor a su pueblo.

Por otro lado, en el templo se solía presentar ofrendas y sacrificios de animales, para expiar al pueblo de sus pecados. Dependiendo del tipo de pecado y de la condición económica del pueblo, se podía presentar bueyes, ovejas o palomas para ser sacrificado por los pecados de las personas.


El propósito de este ritual consistía, en que las personas tomaran conciencia y reconocieran que un animal inocente iba a ser sacrificado por la persona que había pecado. Esto debía llevarle a reconocer su condición de pecador, reconociendo que quien debía morir no era el animal, sino la persona. La persona debía sentir pesar por el mal que había hecho y arrepentirse, para que otro animal inocente no muriera en lugar de él.

Como habían judíos que venían desde lugares muy lejanos, se hacía muy difícil la tarea de trasladar a los animales desde las tierras donde residían, así que con el paso del tiempo, se comenzó a vender los animales en el templo, para aquellos que venían de lejos. Esto trajo como consecuencia una insensibilidad, tanto en el que ofrecía el sacrificio, como los que negociaban con éste. Los sacrificios se convirtieron en algo externo, material, algo que cualquiera con dinero podía comprar, la persona no lograba sensibilizarse ante el sufrimiento del animal, y le era muy difícil relacionar que una vida inocente iba a terminar por su culpa.

Por otro lado, encontramos a los cambistas,  quienes cambiaban las divisas por una moneda aceptable. Como los cambistas tenían el monopolio del mercado, cobraban una tasa exorbitante por sus servicios. Lo que había comenzado como un servicio a los peregrinos, se había degenerado, en explotación y usura. El templo de Dios se había vuelto una “cueva de ladrones”.

Estaba cerca la pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y los cambistas sentados. (Juan 2:13-14).

Este es el escenario con que se encuentra Jesús cuando visita el templo, una adoración corrupta, y con personas que se aprovechan de forma inhumana de las vulnerabilidades económicas, sociales, y geográficas de otros.


Esto provocó en Jesús una profunda indignación frente a la injusticia y la corrupción que se estaba practicando en un lugar que se suponía debía ser para adorar a Dios. Esta es una de las razones por la que Jesús reacciona de la siguiente forma:

Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo: a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. (Juan 2:15-16).

Quisiera que profundicemos en estas últimas palabras de Jesús porque expresan una verdad profunda acerca de su identidad. ¿Qué verdad está expresando Jesús acerca de si mismo?


Era sabido, que el templo era un lugar dedicado para adorar a Dios; en este lugar moraba la presencia de Dios, y eventualmente se manifestaba, por lo que el templo era la casa de Dios; y los judíos sabían esto. Pero, ¿Qué es lo que realmente llama la atención?

Qué Jesús está afirmando que Dios es su Padre, esta es una verdad profunda, que Jesús estaba revelando acerca de su identidad. Y como todo lo del Padre es del Hijo, la casa del Padre, también es la casa del Hijo.

Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. (Juan 2:17).

Los discípulos de Jesús que también estaban con él, no podían entender o procesar en sus mentes y corazones la profunda verdad de que Dios tuviera un hijo, de hecho para cualquier persona en aquel tiempo, esta verdad le sonaría descabellada,  inconcebible, y no fue hasta mucho tiempo después de conocer más a Jesús que los discípulos pudieron asimilar que Jesús era el hijo de Dios, y entender que realmente Jesús estaba cumpliendo una profecía escrita en Salmos 69:9

Este pasaje, que les recordó a los discípulos la razón por la cual Jesús estaba reaccionando de esta forma, expresa una segunda verdad, que podría ser difícil de entender, por lo cual se hace necesario que lo abordemos.

Hagamos un análisis de esta frase: “El celo de tu casa me consume”.

¿Cuál es la segunda verdad? Que Dios es celoso.  Es probable que hasta este momento te sientas algo confundido, porque como probablemente habrás visto en la misma Biblia se condenan los celos, como obras de la carne. Y es posible que te suene algo contradictorio y te lleve hacerte alguna de estas preguntas: “Si los celos son malos y Jesús sintió celos, entonces ¿Habrá pecado Jesús?” o si Jesús sentía celos, y sabemos que Jesús nunca pecó, entonces ¿Está bien sentir celos?

Es muy importante responder a estas preguntas, porque muchas personas toman este pasaje, y lo sacan de contexto para sostener una de estas dos afirmaciones:

  1.        Que Jesús pecó al enojarse y sentir celos.
  2.          Que está aprobado por Dios enojarse y sentir celos, porque “Jesús lo sintió”.

Ambas afirmaciones son incorrectas, Jesús nunca pecó, y la Palabra de Dios reprueba los celos. Entonces, ¿Cómo resolvemos este enigma? La misma palabra de Dios nos da la respuesta.

Existe una gran diferencia entre lo que siente el hombre, y lo que siente Dios. Cuando Dios creó al hombre lo hizo bueno, a su imagen y semejanza, por lo que como Dios era justo, el hombre también era justo, como Dios era bueno el hombre también era bueno, el hombre heredó de Dios incluso la capacidad de amar. Pero, el pecado distorsionó la imagen de Dios en el hombre, y como consecuencia también se distorsionaron todas las expresiones del hombre y sus relaciones.

De allí, que encontramos pasajes como Santiago 1:20 “Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. El pecado, ha hecho que el hombre en lugar  de justicia, sienta mas bien venganza impulsada por el rencor. Esto mismo ocurre con varios atributos de Dios que realmente son buenos, pero, que se han pervertido en el corazón del hombre.  Por lo cual esto nos lleva a afirmar que existe una gran diferencia entre el amor de Dios y el amor del hombre, la justicia de Dios y la justicia del hombre.

Aplicando este principio a la verdad acerca de que Jesús sintió celos, llegamos a la conclusión de que existe una gran diferencia entre el celo que experimentó Jesús y el celo que puede a llegar a experimentar el hombre por motivos egoístas.

El celo que Jesús sintió fue un Celo Bueno, un Celo de Dios, un Celo Santo. (2 Corintios 11:2 y Gálatas 4:17-18).

Jesús, sentía un profundo celo por la casa de su Padre, y sintió enojo con aquellos que reemplazaron la adoración y el arrepentimiento por medio del sacrificio, para evitar la vergüenza, y la culpa del pecado, intentando comprar el perdón con dinero.  Estas son algunas de las razones por las cuales, Jesús echó fuera a todos los que corrompían la adoración en el templo.

 “Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?  Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. (Juan 2:18-19).

Los judíos entendían claramente las insinuaciones de Jesús, ellos sabían que el templo era conocido como la casa de Dios, y al escuchar a Jesús decir: “No hagáis de  la casa de mi Padre…” ellos entendían que Jesús estaba insinuando que Dios era su Padre, y que él estaba insinuando que tenía autoridad para hacer todo lo que hacía, por lo que ellos le piden una señal, para que el demuestre sus afirmaciones.

Entonces, Jesús les respondió “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” Entonces: Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

¿Cómo Jesús iba construir en tres días un templo que a una multitud de personas le había costado cuarenta y seis años? Aquí encontramos la tercera y última verdad de este estudio:

Más él hablaba del templo de su cuerpo.” (Juan 2:21).

El templo es la morada del Espíritu de Dios, en el cuerpo de Jesús moraba el Espíritu de Dios, por lo tanto su cuerpo físico era el templo de Dios, Jesús estaba diciendo que su cuerpo era el templo del Espíritu de Dios, y que la señal que él les daría es que si destruyen su cuerpo en tres días él lo levantaría.

“Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho”. (Juan 2:22).


Jesús, nos dio una señal a todos de que él era el hijo de Dios, cuando resucitó al tercer día de entre los muertos. La Biblia afirma en varios pasajes que los que hemos recibido a Jesús en nuestro corazón, recibimos a su Espíritu Santo en nuestro cuerpo, por lo cual se dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.

Por lo tanto, el mismo celo que Jesús sentía por la casa de su Padre, ese mismo Celo Santo lo siente por ti. Y él no va a permitir que nadie profane tu cuerpo, porque tu cuerpo no es tuyo, es la morada de Dios que él creo, y que a la vez compró con su vida a precio de sangre.

Dios es Santo, y el lugar donde él habita también lo es. Y si Él habita en tu cuerpo, él va a purificar y santificar tu cuerpo, tu alma y tu espíritu.

El Celo Santo de Dios lo va a llevar  a purificar tu cuerpo, esto implica que él  va a tener que destruir y deshacer todas las obras del diablo, del mundo y de la carne en tu vida, para poder levantarte, y hacer cosas nuevas en ti.

Por supuesto, esto va a causarte dolor, pero, será un dolor necesario, no debes oponerte, ni resistirte, y mucho menos, corromper tu cuerpo con impurezas, porque Dios destruirá a quien destruye su templo que eres tú, y aunque tu alma se salve, te destruirá a ti mismo, si persistes en profanar tu cuerpo con impurezas.

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. (1 corintio 3:17-18).

Piensa en esto: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

Dios no quiere destruirte, él realmente quiere perdonarte y limpiarte de toda maldad, porque él es fiel y justo, Pero, es necesario que antes, tú le entregues tu vida a Dios, y te arrepientas confesando tus pecados.

Esto nos enseña acerca de Jesús:

  •          Que Jesús es el Hijo de Dios.
  •          Que Jesús siente un celo santo por su Padre y por su pueblo.
  •          Que Jesús quiere y tiene el poder para purificarte.

Para reflexionar y meditar:

  •    ¿Has estado destruyendo tu cuerpo? ¿Has estado contaminando tu cuerpo con impurezas?
  •      Existen muchas clases de impurezas que contaminan tu cuerpo, por ejemplo: ¿Has estado contaminándote con alguna de estas: Adulterio (Infidelidad, deslealtad, a tu esposo/a), fornicación (deseos, pensamientos o relaciones sexuales sin estar casado, incluyendo el consumo de pornografía y la masturbación), inmundicia, lascivia (pasiones desordenadas, inmoralidad sexual, malos deseos, homosexualismo), idolatría (algo que ocupa el lugar de Dios en tu vida), hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones(Excesivos desacuerdos), herejías (creencias contrarias a Dios), envidia, homicidios, borracheras, orgías, o cosas semejantes a éstas?
  •          De todas éstas, debes poner una especial atención en la siguiente: la fornicación y toda clase de inmoralidad sexual: Huíd de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. (1 Corintios 6:18).


domingo, 3 de mayo de 2020

El Cordero de Dios


Pasaje: Juan 1:29-34.
Título: El Cordero de Dios.

¿Comprendes la profundidad de lo que Jesús ha hecho por ti? ¿Entiendes el significado de que Jesús es el cordero de Dios? En este estudio, tendrás una visión más amplia acerca de lo que hizo Jesús por ti, y lo descubriremos a través del testimonio de Juan el bautista.

Juan el Bautista había estado dando testimonio en Betábara, al otro lado del Jordán, donde estaba bautizando. Jesús ya había sido bautizado hace unos 40 días, y  en ese momento, probablemente, Jesús se encontraba siendo tentado en el desierto por Satanás.

Un día después del testimonio de Juan en Betábara,  Juan, vio a Jesús quien venía a él, y dijo:

He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.  Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua”. (Juan 1:29b-31).

Ahora bien, ¿Qué significa que Jesús es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo? para comprender  lo que esto significa, debemos abordar esta pregunta desde la segunda parte, y entender ¿Como se quita el pecado del mundo? para ello, veamos primero definiremos que es el pecado y cual es la condición en la que pone el pecado a las personas del mundo:

¿Que es el pecado?
El pecado es una actitud de rechazo o indiferencia hacia la voluntad de Dios, que se expresa a través de lo malo que hacemos o de lo bueno que dejamos de hacer. Todos los seres humanos nacen, con esta actitud de rechazo hacia Dios, esta en nuestra naturaleza, ¿Por que? porque el pecado entro al mundo a través del primer hombre, el cual se llamo Adán, y desde entonces, todos sus descendientes heredan esta actitud de rechazo hacia Dios. Es esta actitud de rechazo hacia Dios, lo que nos inclina a cometer "pecados" y ¿Que son los pecados? es todo aquello que hacemos o dejamos de hacer contrarios a la voluntad de Dios. 
(Stg. 4:7 | 1 Jn. 3:4).

¿Por que el pecado es un problema? 

  • El pecado es un problema porque nos separa de Dios. (Ro. 3:23).
  • El pecado es un problema porque una vez separado de Dios nos impide acércanos a El. (Is. 1:14 y 59:2).
  • El pecado es  un problema porque nos crea conflictos con nosotros mismos. (Ro. 7:15,18-19).
  • El pecado es un problema porque nos crea conflictos con otras personas. (Stg. 4:1).

Por si fuera poco todos estos problemas que tenemos los seres humanos por causa del pecado, te sorprenderá la condición en la que se encuentran todas las personas por causa del pecado.

¿En que condición me pone el pecado?

  • El pecado nos pone en tiniebla u oscuridad. (Jn. 8:12).
  • El pecado nos pone en esclavitud.  (Jn. 8:31-34).
  • El pecado nos pone bajo condenación. (Jn. 3:18).


Así, que si todos los seres humanos, nacemos con el problema de pecado, con esta mala actitud, y por si fuera poco esta mala actitud nos lleva a vivir en oscuridad, llenos de miedo e inseguridad, nos hace esclavo del mismo pecado, llevándonos a un circulo vicioso de un mal que nos degenera, y esclavos de satanás, por cuanto al pecar le obedecemos a el, perdiendo así, nuestra libertad, y por ultimo nos pone en condenación, donde la sentencia por el pecado es la muerte. (Ro. 6:23). 

Donde, la muerte no es solo la separación entre nuestra alma de nuestro cuerpo, que es la muerte física sino, también sufrimos la muerte espiritual que es la separación entre nosotros y Dios, sin poder acercarnos a Él.Entonces, ¿Como se pueden solucionar las cosas?¿Como ser libre de la condenación? ¿Como se puede quitar el pecado de nosotros?

 "Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión" (Heb. 9:22) Esto, significa que si el pecado nos condena a la muerte, si queremos ser libre de la condenación, la única forma es que alguien tiene que morir y derramar su sangre en nuestro lugar.

 Es por ello que antiguamente, estaba establecido que se sacrificara un cordero, para que el animal recibiera la condenación de la muerte en lugar del pecador, estos animales eran inocentes y sin culpa, precisamente, para cubrir la culpa del pecador. Tampoco, podían tener defectos físicos y de ninguna clase. Ahora bien, esto era solo una solución temporal, debido a que como las personas pecaban muchas veces, debían realizarse muchos sacrificios. La idea, era que el pecador fuera consciente, de que la consecuencia del pecado es la muerte. Y que un ser inocente estaba recibiendo la condenación. 

Sin embargo, las personas olvidaban el significado del sacrificio y reincidían en sus pecados, cada vez que pecaban, un cordero debía morir por sus pecados, y al final, no estaba ocurriendo ningún cambio en el corazón y la mente de las personas.

Jesús reunía todas las condiciones para ser el sacrificio perfecto, y definitivo, para quitar el pecado del mundo.   Jesús es una Persona, que vino como un Cordero, a tomar nuestro lugar, y se sacrificó como un cordero para que nuestros pecados fuesen perdonados, nuestro corazón fuese limpiado,  no solo tomo nuestro lugar sino, que también intercambio su posición de Hijo de Dios, Santo, puro, perfecto  y sin mancha alguna, para que nosotros fuésemos como el Hijo de Dios, y el cargó con todos nuestros pecados.
A través de su muerte en la cruz, Jesús nos salvó, tomando el lugar que nos correspondía a nosotros en la Cruz, pagando el por nosotros todas nuestras deudas que eran condenación.

Había una gran diferencia entre el sacrificio tradicional de un cordero, y el sacrificio de Jesús. Y era que más allá de que el Sacrificio de Jesús era perfecto. Es que Jesús mismo, valía mucho más que el mundo entero, todas las cosas por el fueron hechas y sin él no nada de lo que ha sido fue hecho. El mismo mundo por él fue hecho, y la obra jamás es más importante  que su hacedor. Por esta razón, el sacrificio de Jesús es invaluable, es eterno, no hay pecado que no pueda ser perdonado. Porque Jesús mismo vale más que todo lo que existe. Por esto ya no es necesario más sacrificio.

Gracias al sacrificio de Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, ahora podemos estar cerca de Dios, disfrutar de una relación con Dios, de su amor,  ser perdonados y limpiados de toda maldad, ser libres para amar, a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Estar seguros, sin miedo, en luz, libres del pecado, y del dominio de satanás, y con una conciencia limpia, con una oportunidad de una vida nueva en Cristo.


“También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.” (Juan 1:32-34)

¡Wao! Que maravillo, Juan testifico que Jesús era el Hijo de Dios, que Dios mismo le dijo que Jesús es que bautiza con el Espíritu Santo, y que la señal, que Dios le había dado para confirmar la identidad de Jesús, era que el Espíritu Santo iba a descender sobre él, y que permanecería sobre él, y Juan, dio testimonio, porque vio al Espíritu Santo que descendía del cielo como Paloma, y permaneció sobre él, después que Juan le bautizo en el desierto.

Esto nos enseña acerca de Jesús:
  • Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
  • Jesús es el que bautiza con el Espíritu Santo.
  • Jesús es el Hijo de Dios.

Para reflexionar y meditar:
  •    ¿Has reconocido a Jesús como el Hijo de Dios el salvador del mundo? ¿Has depositado en el tu confianza? ¿Le has entregado tu vida a él?
  •     ¿Entiendes que Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo? Si quieres que tu pecado sea quitado ¿Entiendes que es necesario que le entregues tu vida?
  •    ¿Estas compartiendo con otras personas lo que Dios a hecho en tu vida? ¿Le estas explicando a tus amigos que Jesús es el Hijo de Dios, que quita el pecado a quienes lo reciben?

domingo, 12 de abril de 2020

El Bautismo de Jesús.




Pasaje: Mateo 3:13-17 | Marcos 1:9-11 | Lucas 3:21-22.
Título: El Bautismo de Jesús.

Mientras, Juan el Bautista, estaba predicando en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Jesús estaba preparándose, en Nazaret de Galilea.



Muchas personas, de Jerusalén, de toda Judea, y de toda la provincia alrededor del Jordán, venían para ser bautizados por Juan el Bautista en el Rio Jordán, y confesando sus pecados. Lucas, nos relata, que todo el pueblo se bautizaba.

Entre los que vinieron para ser bautizados, también vino, Jesús para ser bautizado por Juan. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿Y tú vienes a mí?
¿Por qué Juan se oponía a Bautizar a Jesús?

Recordemos, que Juan bautizaba en el desierto y predicaba el  bautismo de  arrepentimiento, para perdón de pecados. Ahora bien, Jesús era el hijo de Dios, era perfecto, sin machas y sin pecado, Jesús no tenía ningún pecado que confesar, ni tampoco había algo de lo que tuviese que arrepentirse.  Entonces, ¿Por qué Jesús vino para ser bautizado?

Esto, se debe a que el Bautismo de Jesús tuvo un significado especial, diferente al bautismo de arrepentimiento, para perdón de pecados. Entonces, ¿Qué significado especial había en el bautismo de Jesús?

Jesús, mismo es quien da la respuesta cuando le dijo a Juan: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. ¿Qué significan estas palabras de Jesús: “Así conviene que cumplamos toda Justicia”?

Para entender estas palabras de Jesús necesitamos relacionar la respuesta del Padre, con esta frase de Jesús. Entendiendo que:

Cumplir todo justicia, implicaba que Jesús fuera bautizado por Juan el bautista. Y al ser Jesús bautizado por Juan, como resultado de este acto, hubo una voz del cielo que decía: este es mi Hijo amado, en quien tengo.
Debemos entender, ¿Qué es lo que genera complacencia en el corazón de Dios el Padre? Veamos el siguiente pasaje:

Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.” (1 Samuel 15:22).

Lo que genera complacencia en Jehová, es que se le preste atención y se obedezca a su palabra. Esto, es lo que  Jesús hizo al  bautizarse, cumpliendo toda justicia, prestando atención  y obedeciendo al Padre.

Por, lo que para Jesús el bautismo constituida un acto de obediencia a Dios. Ahora bien, ¿Por qué era la voluntad del Padre que el Hijo fuese bautizado? ¿Qué representaba este acto de obediencia?

En hebreos 2:17 se nos cuenta que Jesús debía ser en todo semejante a la humanidad, y aunque Jesús nunca peco, en su humanidad, él se identificó totalmente con las consecuencias del pecado que incluían el dolor y el sufrimiento de la humanidad caída. El Bautismo de Juan, venia como una consecuencia para perdón de los pecados humanidad pecadora que confesaban sus pecados, Jesús no peco, pero al bautizarse, se estaba identificando con las consecuencias del pecado.

Esto se reafirma, cuando leemos 2 corintios 5:21, donde se expresa, que aunque  Jesús no peco, sufrió, las consecuencias del pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Jesús. Ahora, relacionemos esta última frase, con las palabras de Jesús antes de ser bautizados: “es necesario que cumplamos toda justicia” y “Para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Para, Jesús cumplir la justicia implicaba que el debía sufrir las consecuencias del pecado por nosotros, para que así, nosotros, pudiéramos ser justificados delante de Dios.

Además, de complacerse en la obediencia, En Miqueas 7:17, LBLA, se nos dice, que Dios se complace en la misericordia, y al identificarse Jesús con la raza humana, en su dolor y sufrimiento, también estaba generando complacencia en el corazón del padre por su misericordia.

Sabemos que la paga o la consecuencia del pecado es la muerte, según Romanos 6:23, cuando Jesús, sin haber pecado, se identificó, en su bautismo con la humanidad pecadora, sabía que era el comienzo del camino que lo llevaría inevitablemente a su muerte en la cruz.

En marcos 10:38, Jesús utilizo el símbolo del bautismo, para representar su muerte en la cruz. Por lo que teniendo todo este panorama podemos decir que:

Para Jesús cumplir toda justicia, representaba un acto de obediencia publica  delante del Padre, donde el bautismo, era el primer paso del comienzo de su ministerio, en el que se comprometía, a identificarse con el dolor y el sufrimiento de la raza humana, hasta el punto de morir en la cruz, en lugar de la raza humana, para que los que crean en el puedan ser salvos, y justificados por la fe en Jesús.

También, durante, el bautismo de Jesús, las tres personas de la trinidad, intervinieron, para confirmar la divinidad de Jesús, cuando Jesús fue bautizado, luego que subió del agua, los cielos fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venia sobre él. De esta forma, el Espíritu Santo, confirmo la divinidad de Jesús.

Luego, hubo una voz de los cielos, del Padre celestial que decía: “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”. Confirmando de esta manera, la divinidad de Jesús y la complacencia que generaba el Hijo, en el corazón, del Padre, al obedecerle, cumpliendo toda justicia, recordemos, que Jesús enseño, que el amar a Dios consiste en obedecerle, por lo que con este acto de obediencia, Jesús estaba expresando su amor al Padre, y por eso, el Padre, confirma su relación con el Hijo, y expresa que es su Hijo amado en quien tiene complacencia.

Esto nos enseña acerca de Jesús:
·         Que Jesús es Justo.
·         Que Jesús nunca peco.
·         Que Jesús desde el inicio de su ministerio se comprometió, por medio del bautismo en obedecer a Dios, muriendo en la cruz por nosotros.
·         Que Jesús es el hijo Amado de Dios, en quien el Padre se complace.
·         Que Jesús fue obediente al Padre, hasta la muerte, y muerte de cruz.

Para reflexionar y meditar:
·         El primer paso, de Jesús antes de comenzar su ministerio, fue hacer un compromiso público a través del bautismo. Para, el creyente, el bautismo es la representación de un compromiso público, en la que uno se identifica con Cristo en su muerte y resurrección, donde uno da testimonio, publico de que ha  creído en Jesús y ha decidido morir a la vida vieja, para vivir una nueva vida en Cristo. ¿Has creído en Jesús como señor y Salvador? ¿no te has bautizado? Si tu respuesta a estas preguntas es si ¿Qué esperas para obedecer a Dios en el bautismo?

·         Si, obedecer a Dios, es lo que genera que Dios se complazca de mí, ¿Estoy complaciendo el corazón de Dios con mi obediencia?

·         Jesús hizo, un compromiso de obedecer al padre hasta la muerte. Muchos cristianos, han dado su vida en obediencia. ¿Cuánto estoy dispuesto a perder por obediencia a Dios?

·         ¿En qué áreas de mi vida no estoy siendo obediente a Dios? ¿Qué puedo empezar hacer hoy, para obedecer a Dios?

·         ¿Entiendes que es la gratitud hacia el amor de Dios, lo que debe motivar tu obediencia genuina?

·         Aunque Jesús nunca peco, mientras, nosotros, estemos en este cuerpo carnal, hasta el día de nuestra muerte, tendremos que luchar contra las tentaciones y el pecado. Nuestro, compromiso, es buscar continuamente a Dios, fortalecernos en su presencia, y seguir luchando. Habrán muchas victorias, pero, también, habrán derrotas. Cuando eso pase, recuerda, que la Guerra está ganada, ya Jesús, venció, levántate y vuélvete a Cristo y sigue luchando. Busca su presencia, confiesa tus pecados. Y esfuérzate  y se valiente en seguir obedeciendo a Dios.

·         Recuerda, que si fallas, tienes un Dios compasivo y misericordioso, que es poderoso para levantarte y para restaurarte.